In memoriam: Mikel de Viana "La mera ética del éxito no paga"

 


Hoy, 5 de agosto de 2022, me desperté a las 5 de la mañana. Veo mi celular y un amigo común me da una noticia muy dolorosa. Mikel de Viana había fallecido unas horas antes. Amigo entrañable, fueron muchas las experiencias que compartimos. 

En el año 2004 le hice esta larga entrevista que fue publicada en una revista venezolana. En su homenaje, la vuelvo a reproducir, acompañada de varias fotos de nuestro último encuentro que ocurrió en el 2013. 

Descansa en paz. 


La mera ética del éxito no paga

Conversamos largamente con el sacerdote jesuita Mikel Viana, destacado sociólogo y teólogo moral, profesor de las asignaturas de ética empresarial en la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello.

Febrero 2004

¿Por qué en este momento este tema se ha puesto súbitamente de moda?

 Yo creo que esta situación responde a factores de dos órdenes distintos, el primero de ellos responde a un conjunto de aspectos que proceden del contexto macroeconómico internacional  y el segundo que responde al contexto político interno. Yo creo que la responsabilidad social de las empresas se ha colocado en primera fila de los intereses y de los diálogos en cantidad de compañías internacionales, en primer lugar porque se ha producido, por el fenómeno de la globalización un incremento de la movilidad del mercado y una fluidez de las relaciones económicas, particularmente las financieras, que en algunos momentos ha puesto en peligro a las economías nacionales, y eso ha modificado radicalmente el panorama de los negocios en el plano internacional.

Al lado de eso está una intensificación del comercio internacional, en términos de frecuencia, intensidad, volúmenes de las transacciones económicas y la aparición, en la última década del único mercado capitalista abierto internacional. Esto ha modificado el panorama y ha planteado problemas del todo novedosos, que hace diez o quince años a nadie se le hubieran planteado.

El segundo motivo es que a pesar de que hay una legislación económica nacional, y que cada país tiene un ordenamiento jurídico que regula el ámbito del ejercicio económico, nos encontramos primero que los marcos jurídicos en el plano internacional no están suficientemente desarrollados, ni siquiera hay una reflexión avanzada, en ese sentido la economía ha ido mucho más rápidamente en sus procesos reales que la reflexión jurídico ideológica. Esto ha implicado la presencia de un desfase entre la capacidad de los ordenamientos jurídicos para imponer un orden auténtico en el sistema económico internacional, y la novedad de los procesos que estamos presenciando.

Entonces vivimos con la convicción de que los marcos jurídicos son insuficientes y nunca llegan a tiempo. Es decir la marcha de los procesos reales es infinitamente más rápida que la reflexión y la sanción formal de los marcos jurídicos, motivo por el cual hay un reclamo insistente en que antes y más allá de los cuadros legales, sean unas perspectivas valorativas y éticas las que gobiernen el ejercicio económico en el plano internacional.

Por otro lado, y este sería un tercer aspecto,  hay una creciente convicción de que las instituciones económicas no pueden dar la espalda a la exigencia universal del respeto de los derechos humanos, y eso es verdad aquí y en la antigua Unión Soviética y en el centro del capitalismo manchesteriano. Entonces en el contexto internacional yo reconozco por lo menos estos factores como catalizadores de un interés renovado y creciente por la ética y la responsabilidad social de las empresas.

En cuanto a Venezuela hay algunos elementos particulares. En primer lugar el pavoroso crecimiento de la pobreza acompañado de una creciente conciencia de que nadie puede desentenderse de este drama nacional y de que a la hora de las soluciones y de la salida de esta tragedia, las empresas y todo el sector privado de la economía ha de tener un papel importante. Por lo pronto yo siento que en Venezuela se ha avanzado en que el país entero logró entender que no hay ningún modo de enfrentar la pobreza con políticas compensatorias del Estado. Por el contrario, el único modo de enfrentar este problema es mediante la creación de trabajo productivo, estable y bien pagado. “Quince y último, como decimos los venezolanos”. 

Y a pesar de la inflación de la conciencia estatalista en Venezuela, yo entiendo que la gente más sensata del país se ha convencido finalmente que quien tiene que crear empleo es el sector privado de la economía. En otras palabras, al mundo empresarial le corresponde una tarea de primerísimo orden a la hora de resolver la tragedia de la pobreza en Venezuela.

Hay un segundo factor, de otro orden, y es por la debacle que está viviendo Venezuela, creo que también se ha ido generalizando la convicción, la conciencia de que entre sus causas está una actitud no suficientemente responsable de las élites sociales del sector privado de la economía y del liderazgo político. Es decir, a la hora de preguntarnos no solo por la salida sino por los orígenes de nuestra tragedia, yo creo que en el mundo de las empresas ha ido ganando conciencia acerca de su responsabilidad. Me niego hablar de culpabilidades.

Creo que el modelo económico de la Venezuela del pasado, ese que se estrelló a pesar de que la mayor parte de los venezolanos no quieren entenderlo, propiciaba una actitud insuficientemente responsable de los actores primordiales del sistema económico. El estatalismo y el estilo rentista va en la dirección contraria del reparto de responsabilidades.



Hay algunos temas que son  muy interesantes. Por ejemplo los sociólogos europeos en este momento están planteando que hay una discusión entre dos tipos de ordenación social, por un lado el mercado maximizador de sus propios espacios, apoyado en los avances tecnológicos, que les permite movilizar capitales y de ir tras la ganancia rápida, y por el otro lado, el Estado a quien todo el mundo le echa la culpa de que eso ocurra, pero que sin embargo en este momento es el único dique posible para frenar las amenazas que implica el neoliberalismo. ¿Qué opinión tienes al respecto?

Esta pregunta abre varios frentes. El primer frente que es como más remoto, que es el que en el fondo esta el fantasma de la oposición de dos sistemas económicos. Al respecto yo diría que es francamente trasnochado plantear la contraposición de dos sistemas económicos. Yo no veo en el horizonte posible un sistema económico distinto a la economía de mercado abierto. Sin embargo vale la pena hacer algunas precisiones. Cuando hablamos de una economía abierta de mercado, no estamos hablando de un objeto homogéneo sino que estamos hablando de una muy heterogénea variedad de capitalismos, que van desde el desprejuiciadamente liberal del mundo norteamericano hasta la economía social de mercado de la República Federal Alemana y de los países Nórdicos.

Yo personalmente no veo una alternativa a estas experiencias, entendiendo que eso designa una pluralidad de concreciones diversas en la que los énfasis van de más liberalismo, individualismo y menos injerencia estatal a más cortapisas o sistemas de incentivos propuestos por el Estado para fomentar la dimensión social del capital.

Pero además yo estoy convencido que el Capitalismo es la bestia más adaptativa de la zoología universal. Es decir, tiene doscientos cincuenta años, padeciendo crisis periódicas de las cuales resurge victorioso, pero tal vez lo que vale la pena resaltar, siempre la victoria adaptativa de este sistema va en la dirección de una socialización de los medios de producción. Es decir, lo voy a decir brutalmente, el capitalismo de hoy está infinitamente más cerca del comunismo del que hablaba Marx de lo que piensa la Quinta República, e infinitamente está mas cerca el capitalismo avanzado del comunismo que la Quinta República del Presidente Chávez y sus ad lateres.

Es decir basta ver la historia del capitalismo para verificar que no ha dado un solo paso en la dirección contraria a la socialización de la riqueza y nunca como hoy se había producido una socialización de los medios de producción, cuando estamos en vísperas de la sociedad de conocimiento, donde el capital primordial de producción está más democráticamente repartido que cualquier otra cosa, que es la materia gris, la capacidad de conocimiento del hombre.

Me dirán que el acceso a la educación, condición necesaria, no es universal y democrática, pero eso es un problema de políticas y de progresión de los procesos sociales, y todo demuestra que vamos en la dirección que decía Marx, que es la de la socialización.

El segundo frente tiene que ver con dos estilos y dos propuestas distintas en ética de la empresa y en la visión de la responsabilidad social de la empresa. Hay un modelo ético que para mi gusto me resulta insuficientemente crítico, por no decir ingenuo y superficial, que se corresponde a la perspectiva norteamericana, bajo la consigna universal de que la ética paga. Hay un discurso ideológico que pretende vender una versión barata de la ética y la responsabilidad, suponiendo a priori que es perfectamente, que es perfectamente congeniable con el éxito económico.

Yo por el contrario creo que las relaciones entre éxito y responsabilidad social, éxito y dignidad humana, éxito y valores morales son más tensas y dialécticas que una barata consigna de mercadeo que reza “la ética paga”. Hay que ver que ética es esa porque cuando la ética paga, si siempre paga es porque es baratica.

Hay otra perspectiva que tiene mucho más que ver con los pensadores y con las corrientes europeas que realmente insisten en una auténtica responsabilidad social de la empresa y que pone en cuestión la posibilidad de que el éxito económico siempre es un resultado posible. Dicho de otro modo, yo creo que es legítimo poner en duda que el éxito económico siempre es una meta digna y que es una meta que debe ser perseguida. Hay veces que el éxito económico impone unos costos de tal naturaleza que colectivamente tenemos que tener instrumentos para impedirlos. Por ejemplo los que se construyen sobre la vida y la dignidad de millones de personas y tiene que haber alguna posibilidad, primero de criticarlos, segundo de replantearlos, y tercero de impedir políticamente que sigan ocurriendo.

Yo no quisiera que implique la impresión de una visión fatalista o negativa o pesimista acerca del panorama. Estoy convencido de que el último cambio del paradigma tecnológico, la de la electrónica, informática y telecomunicaciones, ha desarrollado simétricamente las capacidades para el bien y las capacidades para el mal. Uno no puede ser tan ingenuo para suponer que está resuelto el futuro. Tanto las capacidades de humanización como las de deshumanización siguen presentes y siguen contendiendo.

El tercer frente tiene que ver con el hecho de que un comportamiento y una actitud no suficientemente responsable de la empresa exige entonces algún instrumento de responsabilización. Si somos pragmáticos, el instrumento más inmediato y aparentemente más eficiente, sigue siendo el Estado. Llevamos dos siglos y medio en que el contrapunto a la empresa lo coloca el Estado y no la sociedad en su conjunto.

Por eso parece difícil escaparse de la tentación intelectual de pensar que quien puede ponerle el bozal a las empresas sea el Estado. Sin embargo yo tengo la impresión de que podemos ir más allá. Por ejemplo, en las sociedades occidentales del siglo XXI el rol del ciudadano y sus organizaciones es cada vez más importante; por eso yo creo que ahora hay un interlocutor nuevo que es la sociedad civil, con un peso creciente en la formación y diseño de políticas, en la presión sobre los parlamentos y en el modelaje de opiniones y conductas.

Luego no hay que olvidar que la tensión siempre se establece con la conciencia moral de las personas. Yo creo que hoy hay una sensibilidad y una capacidad mayor que en el pasado para captar y atender el carácter moral de algunas de las situaciones que afectan al mundo global, a las sociedades en particular y a las instituciones más pequeñas, y creo que hoy la gente tiene una conciencia ética mucho más sensible y más matizada que en el pasado.


Pero ese individuo está sometido a la presión de los dos polos, uno de ellos la ética del éxito y el otro representado por la conciencia moral. Pero uno observa el panorama general del capitalismo y tiene que dar cuenta de ciertas situaciones injustas que ocurren en el mercado, fácilmente se podría afirmar que es demasiado fuerte el polo de la ética del éxito y demasiado débil el de la conciencia. Está clarito para cualquier administrador de empresas cómo se construye el éxito y cómo desarrolla su carrera de éxito, pero esta muy poco claro cómo él puede hacer convivir los imperativos de su conciencia moral con las exigencias empresariales externas de éxito. ¿Cómo puede reconciliar ambas dimensiones?

Evidentemente no hay recetas. Yo creo que la tensión tiene que ver no sólo con la simultanea confrontación entre estas dos perspectivas. A la hora de tomar decisiones concretas en un negocio complejo con el dato de una competencia ampliada, con unos requerimientos de competitividad y productividad nunca antes visto, y teniendo los ejemplos de las grandes empresas que salieron del mercado después de haber disfrutado de la gloria, evidentemente que la primera perspectiva, es cuesta abajo y es facilita. Y la primera tentación del pragmático ejecutivo es la de tratar de garantizar el éxito y probablemente poner en aprietos los valores. Eso es comprensible, sin embargo lo que esta en juego es un problema de supervivencia.

Porque la ética del éxito no es universalizable ni propagable en el tiempo. Así como el informe del Club de Roma de 1968 le dijo al mundo que el planeta era limitado y que por lo tanto no era posible el crecimiento ilimitado, y esto ha producido cambios apreciables en la conciencia, actitudes y políticas de la gente en los últimos treinta años, también estoy persuadido que en la próxima década que en los próximos diez años vamos a ver cambios interesantes de las reglas de intercambio global en el capitalismo. Por un problema elemental, tal y como va el proceso, el sistema no es viable.

El sistema requiere nuevamente procesos adaptativos, porque con un tercer mundo en la miseria no es posible el bienestar del primer mundo. Y ya se ha probado que las medidas policiales han sido poco fructuosas para resolver la invasión de pobres en el primer mundo. Queda por probar medidas para que los pobres dejen de ser pobres en el lugar en el que nacen. El único modo en que el mundo global sea global es el que los pobres dejen de ser pobres, porque en la medida en que se globalizan las finanzas y las trasnacionales, se globaliza todo, menos la gente, aunque esa sea la intención de la tendencia.

Por eso yo no creo que la ingenua perspectiva de la ética del éxito pueda prolongarse mucho tiempo en el escenario futuro. En el futuro lo que se pone de relieve es que tenemos enormes capacidades productivas con unos contextos cada vez más cerrados. Lo que quiero decir es que el horizonte futuro va a estar signado por la lucha fundamental de la humanidad contra si misma para ponerse límites, porque hoy es técnicamente posible hacer muchas cosas que no son legítimas y por ese motivo no es legítimo hacer muchas cosas que son técnicamente posibles.

Este discurso vale tanto para la empresa, como para la biotecnología, el proyecto genoma o el problema ecológico. Entonces es verdad que hay un pulso entre ambas perspectivas, que sobre todo está presente en la academia. Pero fuera de la academia mi impresión es que vamos de un mundo optimista ingenuo a un mundo responsable y crítico. Y esta postura ha sido la respuesta a un reto de supervivencia, o como dirían los venezolanos, “yo creo en la tesis del culillo”.

En este sentido la responsabilidad social no es un código que uno debe cumplir sino que es un pulso que la libertad hace con la realidad para obtener posibilidades. Pero no todo es posible, motivo por el cual la realidad modera la libertad y la obliga a encontrar formulaciones más humanas.

Pero muchas veces no es un problema de conciencia sino de la imposición de la necesidad de maximizar las utilidades, como única forma de sobrevivir en el mercado, que propone al respecto un “dilema del prisionero” o sea que el primero que actúe más éticamente, sale del mercado.

¿Qué es lo que pasa con el dilema del prisionero?  Que en la medida en que Ud. pretende maximizar, se estrella. La única posibilidad es optimizar, y optimizar no equivale a maximizar. Es decir, el cuento aquel de que la única regla de la economía es la maximización de los beneficios ha quedado para los cursos por correspondencia o en las revistas baratas de aeropuerto. Pero evidentemente en la medida que hay contextos colectivos o globales, o en la medida en que el mercado es mercado, ya no es posible la maximización como criterio sino que tiene que imponerse la optimización.

En el mercado abierto contemporáneo uno puede ser pirata solo la primera vez, porque la segunda vez, como el juego es compartido, los piratas no juegan. Es la realidad misma la que obliga al modelaje y no creo yo que es posible el que el juego no permite la ley de la maximización como propuesta universal porque hace inviable el sistema.

La propuesta de que la ética paga solo es exitosa a cortísimo plazo...

Claro, pero no es sólo eso, sino que también es poco ética, porque es el discurso que pretende perpetuamente garantizar la legitimidad de cualquier cosa, es decir, creer que el éxito se puede plantear sobre el pago de los costos por terceros. Entonces, la única posibilidad de responsabilidad social de la empresa es colocándose en el contexto en el que se toma en cuenta a todos los actores afectados por las decisiones, en una perspectiva temporal del mediano y largo plazo.

Hablemos de los actores vinculados a la empresa. ¿Cómo se ha planteado la responsabilidad moral de las empresas en relación con el trabajo?

En este contexto hay algunos cambios estructurales. Por lo pronto vemos una reducción drástica de la mano de obra en el sector agrícola. Lo contrario es sinónimo de pobreza generalizada. En la medida en que hay un desempeño social exitoso, los incrementos de productividad por cambios tecnológicos desplazan enormes contingentes de mano de obra de la agricultura hacia el sector secundario y terciario. Y los que quedan ya no son campesinos sino técnicos de alta eficiencia.

Otro dato fundamental es la muerte del proletariado. El proletariado no tiene nada que ver con la fuerza de trabajo que dinamiza el mundo industrial a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. El trabajo físico y poco calificado prácticamente ha desaparecido y se ha recluido en las economías marginales pobres del tercer mundo. En suma, en relación al trabajo y a los tipos de trabajo de las economías capitalistas contemporáneas ha ocurrido un cambio cultural apreciable. En contra de las ideas planteadas por Marx en el siglo XIX, los obreros del siglo XXI entienden perfectamente el componente intelectual y de capacitación de su recurso intelectual en sus capacidades productivas.

Otro aspecto relevante que esta a la vista es que el grueso del trabajo es administrativo y tecnológico y cada vez más con un segmento bien apreciable de innovación, creación e inventiva tecnológica. Esto no tiene nada que ver con el horizonte del trabajo de hace treinta años. Aquí hay cambios brutales que han significado que la remuneración y la gratificación del trabajo siempre va en ascenso.

 Hoy es vital la estabilidad del puesto del trabajo más que la cuantía del salario. Hay una conciencia mucho más clara de la necesidad de condiciones físicas de trabajo humanizadas, es decir ya el trabajo no tiene nada que ver con los talleres sucios y hediondos. Creo que hay una diversificación de los modelos de trabajo, es decir la microelectrónica, la microinformática y las telecomunicaciones han permitido que la gente pueda trabajar descentralizadamente y fuera de las factorías.

 De igual forma hay una exigencia de transparencia informativa mucho mayor en la relación entre la empresa  y los trabajadores, en parte impuesta por un escenario mucho más inestable y afectado por la inseguridad. Nunca como hoy ha habido una tendencia a escuchar y atender ideas, percibir innovaciones, estimular la creatividad. Hoy hay una convicción de que quien realiza las tareas tiene una capacidad de inventiva que hace treinta años nadie creía podían tener los trabajadores.

Además, sobre la base de la dinámica del capitalismo, todo el mundo esta consciente de la precariedad de empresas y sistemas y por lo tanto hay la convicción de que la lucha de clases y la confrontación entre el capital y el trabajo es un juego de perder – perder. Es decir, nunca como hoy se ha captado que el conflicto y la confrontación no son el modo de resolver la diversidad de intereses objetivamente contrapuestos.

Igualmente este proceso globalizador ha dado un severo golpe a prejuicios discriminadores de nacionalidad, cultura, raza o color. Hoy por hoy hay una internacionalización de la fuerza de trabajo. Hay una convicción creciente de que en el paquete de remuneraciones tiene que estar garantizada la seguridad frente a contingencias. Hoy la gente pide más que salarios, seguridad.

 Finalmente, cada día hay más tiempo libre, gracias a la multiplicación de las capacidades productivas. Eso significa que nunca como hoy ha habido cine, teatro, radio, pintura, ballet... pero como fenómenos masivos. Y a la par hay un compromiso con la calidad del propio trabajo, porque sólo se mantienen en el mercado las empresas que son competitivas y sólo son competitivas las empresas altamente productivas, motivo por el cual todo individuo ha de capitalizarse como recurso productivo porque la productividad creciente del trabajo individual redunda en estabilidad, garantía del trabajo y buenas remuneraciones.

Nunca como hoy ha habido conciencia de la importancia de los clientes, por eso ahora hay una continua preocupación por elevar la calidad de los procesos y de los productos, y por innovarlos. Todos estos elementos han modificado la forma y el contenido del trabajo y todos ellos tienen repercusión ética.

Richard Sennet, destacado sociólogo norteamericano ha puesto de relieve  tres temas vinculados al trabajo y a la empresa: Autoridad, los efectos del trabajo y, el Respeto, o la nueva valoración de la diversidad. ¿Cuál es la fuente que presiona la consideración de estos temas?

 Son todos los actores que están contribuyendo a que estos temas se planteen y se formulen soluciones. Cuando se habla de responsabilidad social conviene complicar el planteamiento señalando que hay tres planos distintos de responsabilidad. El primer plano es el económico – productivo: La primera obligación de la empresa, su contribución explícita a la sociedad, es producir bienes y servicios, producir riqueza y garantizar empleo. Creo que buena parte de las responsabilidades éticas se juegan en el plano de la eficiencia.

Este plano no se puede deslindar de los demás. Una de las mejores maneras de cortarle el pescuezo a la reflexión ética sobre la responsabilidad moral de las empresas frente a la sociedad es separar el papel económico de todo lo demás, pidiéndole a las empresas que sean agentes de filantropía y olvidarse que la primera tarea es producir riqueza. Y esta tarea es exclusiva de las empresas.

 Hay un segundo plano de responsabilidad ética de las empresas, vinculada a la empresa como institución social. Ella tiene que garantizar que ella se convierta en el espacio de realización personal de trabajadores, empleados, directivos, accionistas y propietarios. Esto significa que hay un segundo mundo de desafíos éticos que tiene que ver con las relaciones internas de la empresa. Aquí se pone en juego problemas como los de la justicia de las remuneraciones, opciones tan delicadas como las de  estabilidad versus cuantía de la remuneración, el modo de relacionarse el capital y el trabajo en el contexto interno de la empresa, las condiciones de seguridad, de contratación y negociación.

Este plano  está vinculado muy estrechamente con el papel del gerente. Por un lado se nos ha dicho que el gerente debe deshacerse de cantidad de decisiones y es verdad, porque gracias al cambio tecnológico todas las decisiones técnicas pueden ser tomadas en cualquier lugar de la estructura de la empresa y el gerente sólo se reserva las decisiones de carácter político y estratégico. Pero al tiempo que se deslastra de esas responsabilidades y conserva el timón estratégico, nunca como hoy se ha esperado del gerente que su labor se desarrolle en base a valores, nunca como hoy nos han dicho que el gerente debe modelar con su conducta a los demás, y en tercer lugar, jamás como hoy nos habían dicho que encima de todo tienen que ser líderes, lo cual no se hasta donde mucha gente comprende que tiene un componente brutal de responsabilidad ética.

Nadie sigue a un pirata, nadie sigue a una rata. El liderazgo está vinculado con altos niveles de motivación que sólo son comprensibles cuando el sujeto tiene una elevada concepción de su propia vida y de sus motivaciones vitales. Es decir solo una persona que tiene un auténtica afirmación personal frente a la vida es capaz de exhibir frente al personal motivaciones. El gerente solo entusiasma si es capaz de transmitir motivos, si muestra motivos para hacer bien las cosas.

Un segundo componente ético del liderazgo que es la integridad personal. Nadie sigue a un vagabundo. Solo los honestos, aquellos que no pueden ser acusados en público arrastran a la gente. Luego hay un tercer elemento y es que sólo puede ser líder aquel que tiene un historial y una reputación intachable. Por ese motivo cuando se quiere destruir el liderazgo de alguien lo que primero se intenta es afectar su reputación.

Cuando estamos diciendo que los gerentes tienen que ser líderes, estamos diciendo que necesitamos al frente de las empresas hombres de altísima calidad moral, conscientes de los niveles de responsabilidad de la empresa, no solo en el terreno productivo sino en el manejo de las relaciones internas.

Hoy por hoy por ejemplo hablamos de que es necesario el trabajo en equipo. Eso significa un manejo de delicadas relaciones personales que requiere de altísimos componentes éticos. No hay equipos donde hay vagabundería como regla de juego. No hay equipo donde la gente no haya llegado a dominar el ego y sus ansias de protagonismo. Estamos hablando de las empresas y a mi me da la impresión y suponemos con mucha facilidad que el problema es tecnológico y se nos olvida de que lo que estamos hablando implica componentes éticos elevadísimos.

El tercer plano de responsabilidad moral de la empresa es el societal. Las empresas son constructoras de cultura. Las empresas modelan la cultura y la sociedad con su comportamiento. Eso es así porque las empresas tienen relaciones, en primer lugar con sus clientes y en este mercado las empresas piratas no conservan clientes. Pero no solo eso, hay también una relación de alianza estratégica con los proveedores, es decir, una empresa es una red de relaciones institucionales entre agentes. Luego, pocas veces captamos que las empresas tienen responsabilidades con sus competidores, y por lo tanto la competencia no es una guerra de cuchillos entre los dientes, ni una noche de los cuchillos largos.

Al contrario de lo que convencionalmente se cree, la competencia para ser viable y posible supone determinados límites, hay juegos que no son admisibles, puesto que quien juega sucio, sale del mercado. Luego por supuesto, hay una relación con el mercado, más allá de la vía impositiva, porque las empresas como creadoras de cultura, cuando es corrupta o juega sucio, está haciendo posible un mundo de pillos. Una empresa que entrega a tiempo, que paga a tiempo, que cumple plazos, que da garantías sobre lo que vende, está diciéndole al mundo que los piratas no entran en su juego.

Por supuesto, las empresas también son escuela de democracia. Yo creo que las empresas tienen una responsabilidad en el freno de las tendencias autoritarias, en una sociedad como la nuestra. Y luego las empresas tienen una responsabilidad con la cultura de una nación, tienen la obligación de respetar los valores, las tradiciones, los valores morales de un pueblo.

 De manera que hay planos múltiples de responsabilidad social.

Todas estas dimensiones de responsabilidad muchas veces quieren traducirse en códigos éticos. ¿Cuál es tu valoración de ese esfuerzo?

Siendo la realidad tan cambiante que los códigos éticos, para ser útiles tienen que ser muy concretos y específicos, pero cuanto más concretos y específicos sean, más rápidos son obsoletos. Por lo tanto se requiere entender que hace falta una visión de responsabilidad social de la empresa que se coloca a mitad de camino del código ético y de los criterios genéricos, por lo que siguen teniendo un papel primordial los valores.

 Hay un primer conjunto de valores básicos que tiene que ver la identidad específica de las empresas que es el desempeño económico. Es decir el aporte al crecimiento, a la productividad, al desarrollo tecnológico y a la estabilidad del empleo.

El segundo conjunto de valores se desprenden del respeto a la dignidad humana. Las empresas, en el contexto social interno, deben tener una particular sensibilidad frente a la gente menos poderosa y mas desventajada. Uno de los modos privilegiados de asumir responsabilidades sociales es asumir particularmente la debilidad de tus miembros más débiles. Esto se traduce desde la garantía desde condiciones físicas de trabajo hasta la preocupación por paquetes remunerativos que no sean oprobiosos particularmente para los más débiles del juego.

Un tercer conjunto de valores tienen que ver con la justicia, la equidad y la igualdad. Tiene que ver con el respeto de la igualdad de oportunidades en el mercado, con garantizar y crear las condiciones para que sea posible un contexto de competencia no viciada. Permitir al máximo las condiciones de una auténtica competencia libre y abierta lo cual significa transparencia informativa, igualdad de normas para todos, eliminación de las discriminaciones y que se traduce en el plano interno en un trato equitativo y justo para todos y en un respeto a los méritos de los individuos.

Un cuarto conjunto de valores tiene que ver con la honestidad, y básicamente esta relacionada con la franqueza, la veracidad, el cumplimiento de los pactos, el respeto de la palabra empeñada, con evitar juegos sucios. Esto se traduce en conductas que tienen que ver con el manejo de la información dentro de la empresa hasta el poderse fiar de la palabra del otro.

Finalmente hay un conjunto de valores adicionales que tienen que ver con el respeto del medio ambiente, a un contexto limitado de recursos. No es admisible una actividad económica que comprometa severamente el destino de los recursos naturales para las futuras generaciones.

Si tuviéramos que hablar de los actores en juego, deberíamos hacer referencia a trabajadores y empleados, directivos y gerentes, propietarios y accionistas, clientes, competidores, proveedores y, la sociedad en general, donde yo ubicaría al Estado.

No logramos captar las dimensiones de la responsabilidad social de la empresa si no entendemos que una empresa no es la iniciativa de uno o dos señores. En el fondo debemos convencernos que la empresa es una red institucional en la que al menos hay que contemplar estos siete conjunto de actores.

En el contexto de esa red institucional, deberíamos poder especificar ámbitos concretos que se deberían respetar para considerar los intereses legítimos de cada actor involucrado...

No solo respetar sino también negociar. Cuando se desglosan nos encontramos que el componente trabajo, es decir, trabajadores y obreros,  tienen derecho legítimo a salario, prestaciones sociales, seguridad, higiene, salud laboral, estabilidad laboral, promoción profesional y tienen derecho a una cierta participación de interlocución en las decisiones empresariales. Estos renglones tienen que ser negociados honestamente con los intereses de otros actores.

Pensando desde el punto de vista de los gerentes y directivos, ellos tienen derecho legítimo a tener una auténtica capacidad de gestión y poder de decisión y control dentro de la empresa. Tienen igualmente derecho a influencia, prestigio e ingresos económicos. Tienen derecho a desarrollo de sus ideas y capacidades intelectuales. Y por supuesto tienen derecho a que el valor de la empresa en el mercado, se incremente.

Estos derechos hay que congeniarlos y negociarlos con el de los otros actores. Por eso es que propietarios y accionistas también tienen derecho a contar con beneficios y con incrementos del valor de sus acciones en la empresa; tienen derecho a contar con rentabilidad y liquidez de las inversiones, tienen derecho a transparencia informativa y a participar en el control de la gerencia.

¿Cuál es la regla del juego? No la hay diferente a la necesidad de una negociación continua entre esos intereses, y con los intereses de los clientes, que tienen derecho a contar con calidad y justa relación entre calidad y precio; tienen derecho a una información veraz y clara respecto de los bienes y servicios que adquieren; tienen derecho a una garantía de integridad y de servicio posventa y de reposición en caso de defectos.

 Los proveedores tienen derecho a que se acepten los principios de libre mercado y a que sean seleccionados en términos de equidad con otros competidores. Tienen derecho a recibir los pagos en los tiempos indicados. A recibir una información clara de las especificaciones de calidad requeridas y, tienen derecho al respecto de las marcas y de la propiedad intelectual.

Cuando pensamos en los competidores, éstos tienen derecho al respeto a las reglas de libre mercado, a la reciprocidad en la relación, el cumplimiento de los compromisos contraídos y el derecho a la posibilidad de los competidores cooperen en diferentes políticas empresariales en contextos distintos.

Finalmente el entorno social tiene el derecho a que la empresa responda por algunos intereses legítimos, por ejemplo las obligaciones fiscales, y el cumplimiento de la legislación en materia económica y mercantil, la contribución positiva al desarrollo económico y al desarrollo del empleo en la sociedad. Y luego se espera que las empresas colaboren activamente con las instituciones sociales, culturales y científicas de la sociedad. Creo que hay que respetar los valores morales, tradicionales y religiosos y también hay que respetar el medio ambiente.

Por eso es que no se puede reducir la responsabilidad social de la empresa a la adopción de un código de comportamiento cuanto una actitud de honesta y limpia negociación y pulso de todos los actores en juego.

¿Y cuáles serían en este ámbito los problemas peculiares del caso venezolano actual?

 En el caso venezolano actual habría que resaltar que nadie puede cortarle el pescuezo a la gallina de los huevos de oro. El presupuesto para que hablemos de responsabilidad social es que la empresa tiene que ser productiva y mantenerse en el mercado. Esta es la base de la negociación, por lo que es un desenfoque el suponer que por reivindicar determinados intereses y valores la consecuencia debe ser la desaparición de la empresa en el mercado.

 Hoy hay una mayor sensibilidad hacia relaciones de ganar – ganar, y por lo tanto en estas circunstancias tan severas, de lo que se trata es de mantenerse en el mercado, a pesar de contar con una economía tan maltrecha. Es por tanto necesario que todo el país comprenda que la primera tarea que tenemos es hacer que las empresas abran y no cierren. Y a mi esa perspectiva, advierto que me preocupa de cara a la Venezuela del futuro, porque tengo terror de que al día siguiente de que salgamos del gobierno de Chávez, aparezca un nuevo panteón de próceres de la patria que son los que van a querer cobrar las rentas de sus servicios en la lucha contra este régimen.

 O los venezolanos entendemos que nuestro problema económico es de viabilidad elemental o los venezolanos no encontraremos salidas a la profunda crisis institucional.

Por lo tanto deberíamos entender que la ética empresarial no consiste en un conjunto de obligaciones cristalizadas y fijas, sino que de alguna manera en condiciones de profunda crisis, todos los actores deben negociar sus derechos para que estos puedan seguir teniendo alguna pertinencia. Porque con empresas cerradas, e incluso con la imposibilidad concreta de emprender nuevos proyectos, todos los derechos aludidos caducan.

Porque en una economía en ruinas, en una economía de guerra perdida, como va a ser la economía venezolana este año, es demencial e irresponsable que los actores en juego pretendan reivindicar a ultranza sus intereses y sus valores sin hacer la contabilidad con las condiciones reales de posibilidad. Dicho de otro modo que o los venezolanos entienden que el soporte del proceso económico del país implica enormes cuotas de sacrificios para todos, o los venezolanos le van a cortar el pescuezo a la gallina de los huevos de oro.

Me encantaría poder pedir a los venezolanos que se han destacado por su lucha por la libertad y la democracia en estos últimos años, pedirles que cuando se vaya Chávez no pretendan privilegios. Al contrario, ese día, esos venezolanos, deberían de dar el ejemplo a la sociedad, manteniendo firme su actitud de sacrificio. Me produce repugnancia la idea de una sexta república con privilegios económicos adquiridos en la destrucción de la quinta.

Por ejemplo, es impensable el retorno a la situación anterior al paro. Nos duela, y nos duele, pero no hay modo humano, digno, decente y moral de pretender la restitución de la situación antes del paro. Esto es doloroso, porque tiene víctimas con nombre y apellido, pero es a ellas a las que hay que pedirles un renovado sacrificio. La sexta república no es la manguangua para los héroes de la lucha por la quinta.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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