Humildad en la gerencia

 Humildad en la gerencia
18/09/2017
Por: Víctor Maldonado @vjmc

Recientemente tuvimos la grata experiencia de asistir a una conferencia gerencial dictada por Ramón Piñango, profesor emérito del IESA y experto en tópicos gerenciales. Decía que, para salir indemne de una circunstancia tan ambigua e incierta, entre otras cosas había que desarrollar la virtud de la humildad. Y no se refería a la forma como los venezolanos entienden a veces esa palabra. No era por pobreza de resultados o modestia de desempeño, o el equívoco de asumir una impostura frente a los demás. Es, en efecto, una forma de relacionarse con los otros. Tiene que ver con un estilo de liderazgo que no acumula poder, ni ve en los otros la oportunidad de reafirmar la propia personalidad. Es enfocarse en el desempeño, dándole el valor que corresponde al aporte de los demás, cuando esos aportes son determinantes en los resultados que se obtienen.

Un análisis de la virtud de la humildad nos permite apreciar cuáles son sus indicadores conductuales. En primer lugar, es una virtud orientada al trato dado a los otros, y no una falsa referencia de uno mismo. Nadie es humilde respecto de si mismo. Lo es porque los demás aprecian en sus actos el respeto, la cercanía y la colaboración suficientes como para establecer una relación fructuosa, fundada en la confianza. Santo Tomás de Aquino decía que la humildad es “mantenerse uno mismo dentro de los propios límites” y, por lo tanto, lo contrario a la desmesura y proclive al respeto del otro. Pero la humildad es además la capacidad de alegrarse por el éxito de los demás, y también la disposición de ayudar al triunfo del todo, cuando eso es posible. El gerente que practica la virtud de la humildad comprende que hay una codependencia que lo vincula con sus colaboradores en la búsqueda de los mejores resultados posibles. Por eso el vínculo que mantiene con ellos es de mutua preocupación, y de escucha atenta, en el marco de un diálogo que no teme a la búsqueda de nuevas opciones para hacer las cosas de la mejore manera. Son gerentes que dan feedback pero también están muy atentos a las necesidades que los otros tienen de información, claridad y transparencia.

Confucio, en sus Analectas, sentenciaba que la humildad consistía en la disposición de aprender de todos los demás, sin importar la clase o condición social de quien podía enseñarle algo. Desde el punto de vista gerencial, parece implicar a los líderes que catalizan y refuerzan intensamente el desarrollo de una buena relación entre el líder y sus seguidores. Pero lo hace de manera constante, explícita y transparentemente, garantizando así una pedagogía del crecimiento mutuo. Al final se obtiene un ambiente de trabajo en el que resultados organizacionales como desempeño, satisfacción, orientación al objetivo de aprendizaje y compromiso con las metas del negocio se hacen presentes de manera más natural. Si un gerente es humilde contribuye al empoderamiento de los demás y mejora las posibilidades de éxito de los equipos de alta dirección. Al final la humildad es asumir que los demás también son capaces de hacer bien las cosas.

Vale la pena hacer una lista de chequeo de la virtud de la humildad, siguiendo en este caso Las Analectas de Confucio:

  1. Empoderas a tus colaboradores cuando les encomiendas una tarea. Respetas sus estilos y puntos de vista. Al final aprendes sobre sus modos y formas de asumir los desafíos.
  2. No te incomodas cuando tus méritos se disuelven en los éxitos del grupo. Confucio advertía “No te preocupes si los demás no reconocen tus méritos; preocúpate si no eres capaz de reconocer los suyos”.
  3. Practicas una conducta sobria y contenida que genera confianza y el respeto de los demás. No quieres ser el centro sino parte de un proceso en el que todos ganan y aprenden.
  4. Tres preguntas de oro: En relación con las tareas encomendadas ¿Has sido digno de confianza? En relación con los colaboradores ¿has sido leal? En relación con la experiencia de trabajo ¿has practicado lo que has aprendido?
  5. Haces tus tareas cotidianas con dignidad. Practicas la frugalidad y no los excesos. En relación con los demás, partes de la buena fe. Aprecias a todos los que trabajan contigo. Y exiges a los demás solo lo que necesitas, en el momento que lo necesites.
  6. Honras tu palabra. Prometes solo si puedes cumplir, y si el compromiso está asociado a lo que es correcto.  
  7. Analizas los problemas pensando en todos los puntos de vista. Aceptas aportes diversos y al final construyes con los demás un diagnóstico compartido.
  8. Tratas de ser alegre sin ser licencioso. Tratas de estar triste sin mostrar amargura.
  9. Practicas la autoridad con generosidad y sencillez, sin reverencia ni permitiendo la adulancia.
  10. Soportas la adversidad sin buscar entre los otros un culpable. Asumes la responsabilidad.

Tal y como hemos visto, la humildad permite le cercanía productiva. Además, como ocurre con todas las virtudes, una trae consigo a las demás. Como Confucio advertía “La virtud no es solitaria, siempre tiene vecinos”.

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