Mientras agonizan


Mientras agonizan
Por: Víctor Maldonado C.
Twitter: @vjmc

La sociedad venezolana está esperando, y con razón, una explicación y un compromiso de renovación que permita buscarle salidas a lo que hasta ahora ha sido una fatal calle ciega. El país no puede seguir dependiendo de los mismos que hasta ahora han fracasado rotundamente. Hay por lo menos dos cursos de acción que deben ser clausurados: los procesos de negociación y diálogo bajo la tutela y guión planteados por el régimen; y las simulaciones electorales. Ambos lucen agotados, porque solo han provocado la debacle y la desbandada de la oposición que se ha prestado a ser su contraparte, y como lo hemos planteado insistentemente, han permitido que el régimen use a su favor el tiempo, y por la vía de los hechos haya impuesto la asamblea constituyente.

Pero el peligro persiste. Porque en lugar de revisar genuinamente lo que hasta ahora se ha malogrado, esa oposición rectora de todos estos fracasos no se resigna a cesar en sus funciones. El grupo de estrategas que ha provocado este lamentable estado de confusión quiere sobrevivir a su propia agonía. Pero no mediante un esfuerzo de rectificación sino a través de la ratificación de sus errores. Insistir, por ejemplo, en el reduccionismo absurdo de todas las alternativas a una sola, que ya ha demostrado su inviabilidad, es solo una demostración de su fatal obcecación. Ellos siguen insistiendo que “la única herramienta para lograr un cambio de gobierno, son elecciones justas y libres”. Este aserto es falaz. Y demuestra que ellos insisten en desconocer el talante del régimen: una dictadura radical, totalitaria, castrocomunista, cívico-militar, clientelar, enquistada por la corrupción y comprometida con carteles de delincuencia organizada, que no tiene por lo tanto ningún incentivo para jugar limpio, entregar el poder y desmontar el imperio de vías de hecho que actualmente la sostiene.

Por eso mismo, ellos no pueden decir, ni los hechos los convalidan, que la ruta correcta haya sido el esfuerzo para negociar una salida a la crisis. Sobre todo, por lo que también hicieron. Ellos desmovilizaron la protesta ciudadana, se negaron a articularla estratégicamente, violaron los compromisos asumidos formalmente el 16J, transformaron las decisiones de la Asamblea Nacional en una parodia que los desacreditó, incluso dejaron de sesionar, y se convirtieron en mansos corderos a la espera de una oportunidad electoral que les permitiera afianzar la base clientelar de su poder e influencia. Perdieron de vista el nuevo costo: la exigencia de sumisión a la ANC. Como es historia, solo los adecos se atrevieron, y con eso mataron toda opción que podían tener a favor.

Pero sigamos. El documento que está haciendo circular ese grupo de estrategas asociados a la Mesa de la Unidad Democrática se plantea una pregunta retórica: ¿Ahora qué? La respuesta que se dan no puede ser más atroz: Sin perder el tiempo “desde ya iniciamos la tarea y preparación para unas elecciones presidenciales a más tardar el 2 de diciembre de 2018”. ¿Por qué será que les cuesta tanto asumir que, dado el talante del régimen, es imposible pactar una ruta electoral que no esté contaminada de fraude, ventajismo, trampa y violación del secreto del voto? ¿Por qué será que les cuesta tanto plantear una relación causal objetiva, donde medios y fines, causas y consecuencias estén apropiadamente articulados? ¿Por qué será que ellos no consideran los tiempos como variable de primer orden, o sea, que cualquier cosa que intenten deberá considerar los tiempos de preparación y ejecución?

Primero ellos tendrían que responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo logramos que el régimen tenga disposición a dejar el poder que ahora ejerce totalitariamente? La respuesta pasa por madurar una estrategia que articule más lo que se pueda hacer internamente con lo que se está haciendo en el plano internacional. Requiere organizar el desafío ciudadano inteligente y dejar de lado la sorna y el cinismo con el que han reducido toda discusión a la falacia absurda de plantear la dicotomía “o dialogamos o nos matamos”. Exige estrategia, disciplina y la evitación metódica del pescueceo. Y tiene como requisito la suscripción legítima de un pacto de unidad nacional que no gire alrededor de nadie, sino que se proponga el salir lo más rápido posible de esta situación. La misión acordada debe liderar.

Los ciudadanos, que no podemos validar el liderazgo, porque no nos lo permiten, deberíamos al menos tener el derecho de exigir la revocación de los que hasta ahora han desvariado de derrota en derrota, y han organizado cuadros de seguidores fanáticos, -las beatas-, para aplastar cualquier pensamiento divergente. Esos, no pueden, no deben seguir estando al frente.

La envejecida y fracasada oposición quiere pasar ahora por ser “la nueva oposición”, disfraz detrás del cual los mismos quieren seguir al frente, con los mismos vetos, el mismo sectarismo y, sobre todo, con las mismas obsesiones. Los mismos que se prestaron a la parodia dominicana. Los mismos que manejaron agendas secretas y que luego, claro está, no suscribieron ningún acuerdo porque de hacerlo se sabían perdidos. Esos mismos quieren ahora “reconquistar los 7,6 millones de firmantes del 16 de junio” luego de que los defraudaron ominosamente, a viva voz, usando el aparato comunicacional a su favor, y argumentando leguleyamente para distorsionar los compromisos asumidos. Ellos ahora quieren “apuntalar la Asamblea Nacional” cuando la sometieron a la convivencia infame de sus espacios con la espuria constituyente; cuando dejaron de sesionar regularmente, cuando permitieron la constitución de una directiva que no representa el sentir del país; y cuando desconocen el pluralismo expresado en la fracción 16J, a la que tratan como enemigos jurados, negándoles derechos y cerrando el diálogo con ellos. ¿Así la van a apuntalar? Ellos ahora quieren enriquecer la relación con la comunidad internacional, luego de haberla contradicho, mandado a callar al secretario de la OEA, y desprestigiando la ruta de las sanciones. Ellos ahora lo quieren, pero hace menos de un mes estaban dispuestos a ir de la mano con el régimen para solicitar el cese de las presiones, en aras de una oferta de gobernabilidad insostenible.

Finalmente ellos quieren “sustentar, nutrir y mantener una auténtica unidad”. ¿La unidad de los cuatro? ¿La unidad de ellos con algunos voceros comprometidos de algunos sectores sociales? ¿La unidad alrededor de ellos, para seguir haciendo los disparates estratégicos provistos por sus asesores? ¿La misma estrategia de unidad con la que conformaron el grupo de supuestos representantes de la sociedad ante la parodia dominicana? La unidad es otra cosa, que ellos no saben hacer.

Ellos, agonizantes, plantean un plan de acción para “crear una plataforma de rescate nacional que asuma el liderazgo de la lucha por las elecciones libres…”. ¿Qué porción de “un gobierno dictatorial, autoritario, totalitario que no respeta el estado de derecho” -así definen a la contraparte en el punto 4 del citado documento “estratégico”- no logran procesar?

La lucha es otra, con otra narrativa, otros objetivos, y por supuesto, otros estrategas, que tengan más aguzado el sentido de realidad y mejor planteado los requisitos de integridad y coraje que nos hacen falta. Pero mientras estos agonizan, nada se podrá adelantar; son parte de un duro stablishment que se niega a morir en paz.

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