Estrategia a prueba de crisis.

 



Estrategia a prueba de crisis.

AVG21 en Tamaulipas. Un caso de éxito.

Por: Víctor Maldonado C.

 

Participar en una elección democrática, pero con todos los rigores de poderes usados al extremo, permite sacar algunas lecciones y levantar algunos alertas, incluso en el caso venezolano. En México hay instituciones que funcionan, y se respeta la división de poderes. Ambos aspectos son difíciles de pensar y de comprender para los venezolanos. También resulta sorprendente que el juego sucio no tiene etiquetas ideológicas. En este caso, un gobernador del PARTIDO ACCION NACIONAL, una coalición de partidos tradicionales de centroderechas, jugaron duro, más allá de los confines del pudor republicano. El poder corrompe. Los malos gobernantes carecen de criterio para entender de límites y algunas veces son el remedo de la más cruel tragedia Shakesperiana.

Toda estrategia se valora en contraste con la realidad y la resiliencia que demuestra para soportar los embates del destino, sin perder horizonte y capacidad de logro. Las hay que se desmoronan cuando se ponen en contacto con la turbulencia, se disuelven como un cohete fisurado, y se pierden entre los destellos que produce el descalabro sobre el fondo infinito de un cielo azul. Cuando eso ocurre, los interesados se quedan atónitos, mirando el cielo, esperando una respuesta que nunca va a llegar sino en forma de excusas sin locus de control.

Las estrategias sólidas resisten el fuste. Acumulan poder y despliegan capacidad sin caer en contradicción, encontrando tracción en la integridad de los que la enarbolan, la solidez del propósito y la disciplina con la que un equipo bien estructurado, demuestra seguir adelante.

Una campaña política es una competencia tenaz por obtener el poder. El que gana se lo lleva todo, el que pierde tiene que justificar sus migajas. La victoria tiene ese olor tan atractivo a éxito que contrasta tanto con el hedor de la derrota. Por eso, las campañas son lo más semejante a un duelo llevado a los extremos del utilitarismo amoral. Me explico, en una campaña “todo vale”, lo que no significa que todo lo que se intente sea útil a la hora de contabilizar las ganancias.

Nos vamos a referir a la campaña electoral en la que se jugó la gobernatura del estado de Tamaulipas. Una elección en la que se presentaron tres candidaturas, cada una de ellas con fortalezas, debilidades y “capacidad de fuego”. Un estado atractivo, con mucho potencial económico, fronterizo con Estados Unidos, buena infraestructura, y también con los problemas derivados de la presencia de la delincuencia organizada, tal y como ocurre en muchos otros estados de la México.

Vale la pena presentar a cada uno de los candidatos:

  1.  César Augusto Verástegui Ostos, alias “El Truko”, candidato de la alianza PAN, PRI, PRD, y del gobernador del estado, el panista, Francisco García Cabeza de Vaca, de quien fue su secretario general de Gobierno durante buena parte de su gestión, hasta que tuvo que renunciar para dedicarse a la campaña.
  2. Américo Villarreal Anaya, candidato de la candidatura común de MORENA, PT y PARTIDO VERDE ECOLOGISTA, senador con licencia, médico cardiólogo e hijo del gobernador que rigió el estado entre 1987 y 1993.
  3. Arturo Diez Gutiérrez, candidato de Movimiento Ciudadano, empresario y presidente municipal de Ciudad Victoria entre 2008 y 2010.

Una campaña, un candidato, un estratega, una estrategia. 

Este ensayo tiene punto de vista, pero eso no necesariamente le resta objetividad. Vamos a analizar esta campaña desde la experiencia del candidato Américo Villarreal Anaya, “el doctor”, que contó con el respaldo de un estratega que, además asumió la coordinación general de su campaña. Avidel Villarreal Gálvez y su equipo de consultores de AVG21 estuvieron desde el inicio trabajando en siete frentes:

1.      Coordinación General

2.      Diseño organizacional del comando de campaña.

3.      Diseño de la agenda de las agendas de campaña.

4.      Diseño de la estrategia del programa de gobierno. 

5.      Diseño de la estrategia comunicacional.

6.      Coaching al candidato y al responsable político del partido.

7.      Atención a la coyuntura y afrontamiento de las crisis.

Dirigir una campaña política es operar un sistema en tiempo real, garantizando la velocidad, la altura y la dirección apropiadas para llegar con ventaja al día de la elección. Pero todo sistema tiene fragilidades que hay que atender para compensarlas con las fortalezas. Las amenazas al sistema amplían las fragilidades. Las oportunidades bien aprovechadas, robustecen sus fortalezas. ¿Cómo juega el estratega para que el sistema se mantenga invicto, a pesar de los ataques externos y las debilidades internas? La ecuación es simple: Si lo hace bien, gana. Si acumula errores en exceso, pierde.

Sería injusto e indebido decir que el estratega tiene toda la suerte de la campaña en sus manos. El candidato, su perfil, su disciplina y fortaleza son cruciales. El liderazgo territorial del partido es indispensable, y sin esa condición, cualquier esfuerzo es tan vano como intentar una guerra sin ejército profesional. Un buen acompañamiento jurídico resultó crucial para enfrentar con éxito los obstáculos que se presentaron, y la necesidad de construir un expediente con los agravios recibidos. Un comando de campaña sólido y valiente es igualmente indispensable. Ahora bien, el estratega carga sobre sus hombros la responsabilidad de proponer y persuadir que se tomen las decisiones cruciales. Por eso, él gana con la victoria del candidato, y pierde con las derrotas políticas de sus clientes.

 

Se supone que una elección de esta importancia siempre va a ser exigente. También que ellas ocurren en un marco institucional que garantiza equidad en la competencia y respeto a la voluntad del elector. Se asume que las instituciones van a mantenerse dentro de lo legalmente advertido y que nadie se va a comportar como un Deus ex machina turbulento, imprevisto y desmesurado, que puede llegar a rozar los linderos del crimen político.

 

Pero lo que no cabía esperar fue lo que ocurrió: Un gobernador que quiso hacer una elección de estado, trasgrediendo para ello cualquier norma constitucional, judicializando las elecciones, persiguiendo implacablemente a dirigentes opositores, usando los recursos del gobierno a su cargo para beneficiar a su candidato y financiando una intensa guerra sucia contra el adversario, que lo puso en evidencia, y exigió una estrategia a prueba de crisis para contener su furia. Este gobernador, Francisco García Cabeza de Vaca, miembro destacado del PAN, accionó todo el peso de su poder institucional y político para buscar desesperadamente, la victoria de su candidato.

 

Las razones son obvias. Estamos en presencia de un dirigente político que debe entregar el gobierno, y con ello, desprenderse de fueros, inmunidades y privilegios. Y que deberá enfrentar acusaciones muy graves que probablemente lo llevarán a la cárcel por un largo tiempo. De allí esa necesidad imperiosa de ganar, sin importar los medios, creyendo que, con eso, podía extender su impunidad y salir bien librado del proceso judicial que lo está esperando a la salida del poder.

 

¿Cómo se prepara una campaña? Esa es una pregunta que solamente puede responder un estratega político. Llamemos con este título a profesionales que acumulan experiencia y conocimiento suficientes para concebir todas las maniobras que les permitan llevar con éxito una campaña electoral. Son los operadores de la estrategia que ellos han diseñado para intentar ganar. También son los responsables de conducir cada una de esas maniobras. En el estratega político convergen exigencias estratégicas y tácticas sobre las cuales se fundamenta una campaña.

 

Dado que ese es el nivel de complejidad, a estas alturas del argumento puede resultar más que obvio que, dirigir y ganar unas elecciones, no es tan sencillo como intentar aplicar una receta de neuromarketing, ni tan banal como asimilarla a un plan de mercadeo masivo. Es mucho más complejo, y supone el contraste brutal entre dos expectativas que se enfrentan, y que saben que la regla es que, lo que gana uno, lo pierde el otro. Por eso, si me permiten la analogía provista por Clausewitz, una campaña política es un duelo llevado a los extremos, como todo lo que tiene que ver con el poder, con su obtención y preservación.

 

Toda estrategia es perfecta hasta que se confronta con la áspera realidad. Esa realidad que te expone a la turbulencia, la ambigüedad, la incertidumbre y la volatilidad. El estratega tiene que encarar esa complejidad y encontrarle sentido cada vez que se reconfigura la situación. Cada reconfiguración es una crisis que se debe afrontar.

 

La campaña no se puede despachar como si su solución se condensara en una receta que se entrega el primer día y da los resultados esperados al concluir el tratamiento, tres o cuatro meses después. El que venga con esas ideas preconcebidas y refritas una y otra vez, no ha entendido que a la primera jugada se establece la diferencia con cualquier experiencia anterior, y si no domina el arte de la estrategia, quedará en la mira del adversario y va a perder cualquier ventaja inicial con la que haya contado. Esa es la razón por la que algunos acumulan pérdidas. Porque dejaron de ser novedad y son leídos con facilidad por sus competidores. Nadie se puede dormir en los laureles obtenidos en victorias pasadas.

 

Por eso no hay alternativa a practicar un proceso de inmersión total que permita una buena caracterización de las condiciones iniciales del proceso (el candidato, el partido, los contendientes, los otros partidos, la opinión pública, las expectativas y el marco institucional), el diseño de un plan apropiado a las circunstancias, el cuidado riguroso de su ejecución, la atención a la coyuntura, la anticipación de los efectos de las iniciativas de los contrarios, la necesidad de contrarrestar jugadas sucias, lo que haya que hacer para debilitar la percepción que la opinión pública tiene de los otros competidores y la contención de todas las fuerzas disgregadora y caóticas que siempre acompañan estos procesos.

 

La estrategia es el arte de acumular poder. ¿Qué significa eso en el marco de una campaña política? Significa que una buena estrategia acopia capacidades suficientes para lograr un cambio. En este caso, todo lo que sea necesario para ganar la voluntad mayoritaria de un electorado hasta el punto de lograr su movilización favorable el día de las elecciones. Poder es equivalente a la construcción de una mayoría que va a respaldar un nuevo gobierno y favorecer la implementación de su programa.

 

En el contexto de unas elecciones competitivas, lo que se disputa es la factibilidad de acumular poder. Unos y otros, en bandos opuestos hacen todo lo posible por obtener poder y por obstaculizar la acumulación del poder en los otros. De nuevo debemos recordar que nos enfrentamos a “un juego del tipo suma cero” porque la regla es inapelable: gana el que acumula más, o si se quiere decir de otra manera, gana el que es capaz de restarle poder a sus adversarios. Pero este juego que llamamos “campaña electoral” tiene una característica peculiar, su fecha de expiración no negociable, el día de las elecciones, ni antes, ni después. Sin eso, el juego electoral pierde sentido.

 

Poder es también equivalente a la disposición que se tenga para aplicar la fuerza, sin importar los costos. La violencia multifactorial que supone una elección de estado asume que frente a ella no hay resistencia capaz de oponérsele. Sin embargo, esa presunción representa solamente la mitad de la ecuación. Como contrabalance hay un poder pasivo, encarnado en el porcentaje de la ciudadanía que está dispuesta a tomar como buena, y asumir con docilidad los imperativos de la fuerza pura y dura. Para equivaler el poder a la fuerza, se debe contar con la misma capacidad de acatar que la que se tiene de imponer. Si hay resistencia, la fuerza comienza a ser proporcionalmente ineficaz.

 

¿De qué depende la ineficacia relativa de la fuerza bruta? Entre otras cosas del poder moral que se opone a los desvaríos de la violencia. Tiene que ver con la imagen del candidato, la integridad de la plataforma política que lo respalda, la prevalencia del liderazgo político nacional (en este caso el inmenso arraigo del presidente de la República), la eficacia del mensaje político y la disciplina de un movimiento que fue capaz de suplir apropiadamente a los que iban siendo víctimas de la persecución.

 

La ecuación es interesante porque complica los resultados finales. A mayor fuerza bruta ejercida, menor poder moral y menos equivalencia del poder pasivo. La fuerza bruta paraliza por el miedo. El poder moral, moviliza y fortalece el espíritu de cuerpo. Pero no es una equivalencia inversa perfecta, porque la violencia se acompaña de la trasgresión de las reglas institucionales, para tratar de abrir una brecha de ventajas adicionales a través de la propaganda, la mentira, la compra de votos y conciencias, y el condicionamiento de beneficios sociales.

 

Una crisis es un problema para el cual hay que ingeniar una solución. A nadie le gusta encarar una crisis, mucho menos entrar en un período de crisis secuenciales que se suceden en ráfaga y rápidamente. Recordemos que el concepto de turbulencia está asociado a cambios rápidos. Una crisis es siempre turbulencia. Es una situación novedosa y retadora que pone a prueba la capacidad de resiliencia de toda la estructura de un comando de campaña porque amenaza su estabilidad y coloca en duda los resultados planificados.

 

Ante una crisis, más de uno pierde la compostura, y es muy común que ocurra la desbandada. La desmoralización es uno de los efectos que se buscan con la provocación de una crisis en el flanco contrario. Si el pánico se convierte en el sentimiento compartido, el sistema se desploma. Para que eso no ocurra el estratega debe estar tan cerca como para advertir el proceso que viene en contra, y tan lejos como para poder apreciar la situación sin sentirse involucrado. Solamente así puede encarar este tipo de desafíos y seguir adelante.

 

El estratega debe tener el talante apropiado para lidiar con lo inesperado. Debe poder recuperar el control a pesar de la ocurrencia de eventos que tienen la capacidad potencial de dañar la estructura y propósito de la campaña. El estratega, haciendo prevalecer la racionalidad, debe reconfigurar la ruta, hacer control de daños, y seguir adelante.  El perjuicio puede ser multifactorial, afectando la moral del candidato, la integridad del comando, diezmando la organización política o arrebatando caudal electoral a través de mecanismos ilegales.

 

El estratega sabe que en cada crisis es muy importante controlar las reacciones irracionales, porque el que se equivoca, pierde. Debe hacer contención emocional del candidato y de su comando. Debe dimensionar la respuesta. Debe asegurar las comunicaciones y garantizar que no se fisure la disciplina de realización. Nunca es fácil, porque el estratega, aplicando el método de inmersión total, está involucrado y comprometido, pero el rol le exige templanza y fortaleza de carácter para poder encarar las crisis y vencerlas.

 

La treta intentada para derrumbar una candidatura que lleva ventaja.

 

La candidatura del Doctor Américo Villarreal Anaya comenzó con ventaja, y terminó ganando. El candidato del gobernador Cabeza de Vaca, comenzó perdiendo, y terminó derrotado. “El Truko” nunca pudo compensar la debilidad inmanente de una candidatura que se planteó para proteger al gobernante saliente. Era demasiado obvio que fue seleccionado por ser el más leal y no necesariamente el más capaz. En los pasillos del Partido Acción Nacional, más de un comentario confirmaba off the record que habían accedido a los deseos del gobernador, porque era la única forma en la que garantizaban su involucramiento en términos de recursos y respaldo. Pero se le pasó la mano. Transformó la campaña en un plebiscito sobre su gestión y el aseguramiento de la continuidad de un enfrentamiento con el gobierno federal del cual nunca sacó demasiados réditos políticos.

 

Los ciudadanos mostraban cierto cansancio de una falsa paz impuesta por la fuerza. Las implicaciones de los abusos y excesos de las policías del estado, controladas por el gobernador, marcaban una expectativa de cambio, una paz sin miedo que permitiera mayor desarrollo económico y un futuro más próspero.

 

Estos excesos dejaron una huella persistente del manejo impune del poder, que se sumaba a los expedientes abiertos por la fiscalía general de la República en los que se le acusaba de Enriquecimiento Ilícito Continuado mediante triangulaciones financieras; Cohecho; Uso de recursos de procedencia ilícita; Malversación de fondos; y Defraudación fiscal. Para el gobernador, el ganar estas elecciones se transformó en un dilema entre la vida en libertad o una larga estadía en la cárcel. Además, él creía que podía transferir su capital político supuesto (las encuestas le reconocían un buen grado de popularidad) al candidato que él había designado.

 

En Tamaulipas se vivió la situación extraordinaria de un gobernador transformado en jefe de campaña y estratega de su candidato. Y en ese momento, se licuaron todas las líneas de demarcación que separaban el decoro institucional propio de un gobernador atenido a los límites constitucionales, de lo que terminó siendo el ejercicio contumaz y sistemático de la perversidad y la trasgresión. El gobernador decidió hacer una elección de estado, y cuando lo hizo, no hubo marcha atrás.

Ya dijimos que una “elección de estado” es el intento inescrupuloso de cooptar un proceso electoral y sacar ventaja para el candidato del gobierno. Es un proceso en el que se opera un sistema articulado de tretas y artimañas con el fin de violentar la voluntad del elector, devastar los cuadros políticos de los adversarios, atemorizar a la población y “comprar los votos”.

La causa eficiente de una seguidilla de crisis inéditas se encuentra precisamente en la intromisión indebida del poder político regional. El gobernador exigió de todos, instituciones y burócratas, una complicidad absoluta en la trasgresión y la presentación de las mentiras como verdades que provocaban consecuencias funestas.

La guerra sucia y el conflicto llevado a los extremos.

Solo asumiendo este punto de vista se puede explicar el calado de un conjunto de situaciones que amenazaron la integridad de la campaña e intentaron vulnerar la validez de las elecciones. Ellos decidieron atacar por tres flancos: 

  1. Atacar la integridad del candidato y de su familia; 
  2. Atacar la integridad del partido, sus dirigentes y la oferta política
  3. Atacar la validez de las elecciones.

 Veamos cómo lo hicieron: 

Atacar la integridad del candidato y de su familia.

Objetivo:

Desprestigiar la figura del candidato y provocar daño moral a la candidatura.

Una mentira repetida mil veces, termina pareciéndose a una verdad irrefutable”.

A través de esta estratagema quisieron arrinconar al candidato en temas familiares y maltratar a su entorno inmediato, usando para ello información falsa, distribuida por medios falsos, que luego las autoridades usaban para abrir expedientes y promover detenciones. En el uso de este flanco, no tuvieron límites en el intento de hacer daño.

 Momentos críticos:


a.      Esposa del candidato es intimidada por un periodista: “El mundo necesita mejores personas, no como tú”. Esta fue la respuesta a una pregunta insistente sobre el caso del divorcio del hijo mayor, y la disputa por los hijos habidos en el matrimonio. La estrategia del gobernador Cabeza de Vaca y de su candidato fue colocar en todas las ruedas de prensa y oportunidades de entrevistas a “periodistas” que buscaban descolocar al candidato y a su esposa con ese tipo de preguntas. De esta forma se intentaba envilecer el contexto de la campaña y se arrinconaba al candidato en temas familiares que ya se habían resuelto.

b.   Américo Villarreal Anaya acusado de mantener relación y de beneficiarse de recursos de Sergio Carmona, el Rey del Huachicol: El gobernador Cabeza de Vaca y su candidato quisieron deslegitimar la candidatura de Américo Villarreal Anaya, acusándolo sistemáticamente de mantener una relación con Sergio Carmona, montando un operativo de propaganda, redes sociales, medios de comunicación y periodistas que constantemente afirmaban como cierta esa relación, y pedían una aclaratoria del candidato. Incluso, en el debate, esa fue el arma que esgrimió el candidato del gobernador Cabeza de Vaca para tratar de sacar de sus cabales a su contendiente.

c.   Américo Villarreal Jr. es señalado por maltrato doméstico, y “aviador” en el gobierno del estado: El gobernador Cabeza de Vaca y su candidato decidieron hacerle un marcaje perverso a Américo Villarreal Santiago, trayendo al presente hechos que ocurrieron en su vida privada y que ya habían sido resueltos, como el caso de su divorcio. También lo acusaron de cobrar sin trabajar (aviador) en el hospital que dirigía su papá.

d.  Humberto Francisco Villarreal Santiago (otro de los hijos) es señalado de cometer fraude en Holanda y de beneficiarse de unas transferencias hechas por Sergio Carmona, que sumaban 20 millones de dólares: El gobernador Cabeza de Vaca y su candidato montaron un sofisticado sistema de fake news, con simulación de medios de comunicación y portales digitales en los cuales sembraron acusaciones totalmente falsas contra otro de los hijos del candidato Américo Villarreal.

e.   Presunta asistente de Américo Villarreal en la campaña de Sinaloa presenta denuncia por violencia de género. Mediante la puesta en circulación de un audio en las redes sociales, el gobernador Cabeza de Vaca y su candidato, utilizaron un caso laboral que fue resuelto en su oportunidad para que se presentara una denuncia ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de MORENA con el fin de que la sanción significara la pérdida de registro como militante, así como una amonestación pública y la perdida de los derechos políticos de Américo Villarreal Anaya y de Norberto Barrón Barragán.

f.   Órdenes de aprehensión emitidas por la Fiscalía del Estado de Tamaulipas: El gobernador Cabeza de Vaca y su candidato, en contubernio con la Fiscalía del Estado, desataron una feroz persecución judicial contra los hijos del candidato. Estas órdenes de detención fueron fundamentadas en un conjunto de noticias falsas que ellos promovieron, usando recursos del gobierno regional y de la campaña. Con esto trataron de descolocar moralmente al candidato, e intentaron concentrar toda la campaña en esas acusaciones infundadas.

 

Atacar la integridad del partido, sus dirigentes y la oferta política

Objetivo:

Desmoralizar la militancia, forzar la contradicción entre los postulados y las acciones políticas, y dañar el control territorial del partido.

 

Momentos críticos:

 

a.    Mario Delgado, presidente nacional del partido MORENA,  es acusado de mantener relaciones con El Rey del Huachicol: Marko Cortés, líder nacional del PAN, por cuenta del gobernador Cabeza de Vaca y de su candidato, dijo tener pruebas de haber compartido vuelos privados con Sergio Carmona, y señalando que esa relación abarcaba también al candidato de MORENA en Tamaulipas y a otros dirigentes del partido.

b.     Alcalde de Ciudad Victoria, Eduardo Abraham Gattas Báez, acusado de “ejercer operaciones con recursos de procedencia ilícita” y responsable de violencia contra agentes de la FGJE: El gobernador Cabeza de Vaca y su candidato instruyeron a la Fiscalía del Estado para que emitieran una orden de captura contra el presidente municipal de Ciudad Victoria, lo que lo obligó a resguardarse. Con esto, el oficialismo trató de desactivar el liderazgo regional de Morena, haciendo lo mismo en el resto de los municipios importantes.

c.      Alcaldesa de Nueva Laredo, Carmen Lilia Canturosas Villarreal, es acusada del delito de uso de recursos de procedencia ilícita con fines electorales, por lo que la Fiscalía de Tamaulipas obtuvo una orden de aprehensión en su contra: En el contexto de un plan absolutamente orquestado por el gobernador Cabeza de Vaca y su candidato, se decidió atacar la dirección política del norte del estado de Tamaulipas, con el fin de mermar la votación a favor de MORENA. El hermano de la alcaldesa y expresidente municipal, Carlos Canturosas Villarreal, fue también señalado de desviar un monto de 231 millones de pesos por medio de 54 empresas manufactureras. Se le emitió una orden de aprehensión por uso indebido de atribuciones y facultades, asociación delictuosa y peculado.

d.     Alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz, acusado de operaciones con recursos de procedencia ilícita, por lo que la Fiscalía de Tamaulipas giró orden de aprehensión en su contra. De la misma forma que en los casos anteriores, el gobernador Cabeza de Vaca y su candidato, decidieron sacar del juego al alcalde de Reynosa pocos días después de que su madre Maki Esther Ortiz Domínguez, decidiera respaldar la candidatura de Américo Villarreal Anaya. Ella misma decidió solicitar un amparo para evitar que lo mismo sucediera con ella.

e.  Exdiputada Olga Sosa es acusada de beneficiarse de recursos provenientes del “Rey del huachicol”, Sergio Carmona Ángulo. Con la finalidad de romper la cadena de control territorial de la campaña, el gobernador Cabeza de Vaca y su candidato decidieron extender las acusaciones a figuras clave.

f.     MORENA pierde la mayoría en el Congreso de Tamaulipas mediante la deserción de cuatro de sus diputados. Mediante un proceso sostenido de amenazas y extorsiones el gobernador Cabeza de Vaca y su candidato, lograron romper la mayoría que ostentaba MORENA en el parlamento regional. Esto, además del golpe moral al partido, significó un control total de todas las instituciones del estado, que le permitieron actuar con total impunidad.

g.    Diputada local Úrsula Salazar Mujica, pariente de Andrés Manuel López Obrador, acusada de inflar facturas para obtener ganancias ilegales. En este caso, el gobernador Cabeza de Vaca y su candidato intentaron devastar al grupo de diputados locales de MORENA, y terminar de consolidar una mayoría circunstancial a favor, para evitar el desafuero o cualquier medida que perturbara su gestión en los últimos meses.

 Atacar la validez de las elecciones regionales del 5 de junio. 

Objetivo:

Diezmar el caudal electoral a favor de la candidatura del doctor Américo Villarreal Anaya, impugnar su validez y tratar de anular las elecciones en caso de una derrota estrecha.

Momentos críticos:

 

a.      Compra masiva de votos. Después de dos meses de campaña que mantuvieron a su candidato todo el tiempo en un lejano segundo lugar, durante el día de la elección, el Gobierno del Estado y el PRIAN, destinaron alrededor de 120 millones de pesos, equivalente a 6 millones de dólares, para compra masiva de votos, intentando con esto, robar la elección.

b.   Excarcelaciones de condenados. Aunado a lo anterior, otra de las formas que practicaron para desestabilizar la jornada electoral fue, la excarcelación de delincuentes comunes y personas disidentes en organizaciones sociales, a efecto no sólo de operar a favor del PRIAN y de su candidato, sino de generar situaciones de violencia y de caos para la intimidación de electores en municipios y zonas identificadas con Morena.

c.     Incendio de autos. Esta estrategia de miedo fue dirigida no solo a inhibir la participación ciudadana sino a evitar vigilancia en las casillas, pues varios vehículos de representantes acreditados en las casillas y encargados del activismo electoral fueron incendiados en la víspera de la elección por estos grupos delincuenciales que operaron bajo un manto de impunidad.

d.     Ataque a oficinas y casas. Grupos de personas armadas, que operaron de noche y de madrugada en la víspera de la elección, perpetraron ataques a oficinas y casas-habitación, de colaboradores, operadores y militantes de MORENA, con el claro objetivo de intimidar y afectar el respaldo popular.

e.   Colonias atemorizadas con disparos. Como parte de la estrategia para crear una “elección de terror”, se tienen identificados múltiples casos de disparos de armas de fuego en distintas colonias del estado, con el objetivo evidente de infundir el miedo y romper con el clima de tranquilidad que se necesitaba como condición para alcanzar una mayor participación ciudadana en las urnas. El mismo día de la elección se reportaron a hombres armados que encerraron a votantes y a funcionarios de casilla y que lanzaron “poncha llantas” para que la gente no pudiera salir a votar.

f.       Amenazas de muerte a representantes de casilla y promotores del voto.
Además de realizar quemas de vehículos y ataques a oficinas y domicilios particulares de activistas de Morena, amenazaron de muerte a decenas de representantes de casilla de la candidatura común, con la firme intención de que abandonaran las mesas y poder avanzar en su objetivo: el fraude electoral. También se reportaron hostigamiento y detenciones de operadores políticos en el territorio, a efecto de inhibir la participación electoral.

g.    Personal irregular en las casillas coaccionando a los votantes. En una flagrante violación a la democracia, con todo el poder de su maquinaria de Estado, colocaron a personal irregular en las casillas de votación, mismos que amenazaban y coaccionaban a los electores, impidiendo el voto de manera directa, libre y secreta.

h.  Urnas "embarazadas" con boletas falsas. Otra forma de violentar la voluntad de las y los tamaulipecos, fue acompañar de varias boletas falsas la boleta original. De esa forma, activistas inescrupulosos del PRIAN se prestaron a abultar fraudulentamente las votaciones a favor. Todo esto forma parte de una maquinaria que se organizó para intentar unas elecciones de estado, que afortunadamente no prosperaron.

i.       Uso indebido de las instituciones del gobierno, como se hizo con el reparto de despensas que salían del DIF. Distribución masiva de despensas, el único programa social de la administración panista, que en los años electorales de 2021 y 2022 le destinaron recursos por más de 700 millones de pesos. El material, destinado a la compra de votos salía de oficinas públicas, bajo la coordinación del DIF. Esto evidencia la clara intromisión del gobernador Cabeza de Vaca en este proceso.

j.       Propaganda ilegal. Nuevamente, violando todo el marco legal con respecto a la propaganda en el día de las elecciones, el candidato oficial y su equipo, con el apoyo del gobernador Cabeza de Vaca, establecieron propaganda ilegal en las áreas en donde se llevaron a cabo las votaciones, lo anterior, sin la mínima respuesta de la autoridad electoral. Toda la propaganda en vía pública del candidato morenista, fue retirada, no así la del abanderado de la alianza “Va por Tamaulipas”.

k.   Utilización de la policía estatal. En lugar de cumplir con su deber, de garantizar la seguridad pública y cuidar la elección, la policía estatal se dedicó a intimidar electores con un desplante excesivo de fuerza en los días previos a los comicios, para generar miedo contra los activistas de Morena, y el día de la jornada electoral de encargó incluso de movilizar a electores a favor del PRIAN, además de realizar detenciones ilegales.

l.    Retenes ilegales. Una de las muestras más evidentes del mal uso de la fuerza pública, fue el establecimiento de retener ilegales, que, a todas luces, buscaron afectar la participación de la ciudadanía en los comicios.

m.  Impugnación de los resultados electorales que les fueron adversos. Una vez entregada la constancia de mayoría al candidato ganador, el gobernador y el PAN decidieron impugnar las elecciones, presentando como justificación “la intervención de grupos delictivos, uso de recursos federales a través de los Servidores de la Nación, así como una presión hacia la sociedad para que votara a favor del candidato de la alianza “Juntos Hacemos Historia en Tamaulipas” Américo Villarreal Anaya”. Obviamente esta era una jugada absolutamente consistente con la trama que montaron desde el principio, y por lo tanto no sorprendió a nadie.

 

 Conclusión: Una estrategia serena y firme hizo la diferencia.

 

A pesar de todas las maniobras planteadas para violentar la voluntad popular, que comenzó con la guerra sucia mediática y se convirtió en una elección de Estado brutal en la víspera y el mismo día de la elección, la sociedad de Tamaulipas logró superar la amenaza de fraude y votó a favor de la propuesta de transformar de raíz, con honestidad, con austeridad y con trabajo, un estado golpeado por el desempleo, la pobreza y la desesperanza. Se ganó contundentemente, con más de 82 mil votos, y una ventaja porcentual de más de cinco puntos. No lograron la invalidación de la elección, que si hubieran podido hacer en caso de una ventaja más estrecha. Pero no es poca cosa la intentona de impugnar las elecciones, acudiendo a todas las instancias electorales. Con esta decisión, desesperada y a lo mejor inútil, solamente van a perturbar un proceso de entrega-recepción que podría ser una demostración cívica de alternancia política.

 ¿Cómo se sortearon cada uno de los desafíos extremos que se han inventariado?

 

No hay una sola explicación, sino la conjunción de un conjunto de disposiciones en positivo a favor de una estrategia ganadora. Pasamos a explicar:

 

1.     El candidato rápidamente entendió que necesitaba dos elementos para triunfar. Estrategia robusta y coordinación eficiente. Ambos roles fueron encomendados a Avidel Villarreal Gálvez, CEO de AVG21.

2.    El partido rápidamente entendió que, para ganar las elecciones en Tamaulipas, se requería de una dirección de campaña con blindaje superior. Y rápidamente hizo equipo con el estratega y coordinador general.

3.     El estratega resuelve de entrada un conjunto de pasivos de descoordinación, organiza el comando de campaña, elabora la agenda, le da contenido a cada uno de los roles principales (el candidato, el delegado del partido), organiza el contenido de las comunicaciones y da respuesta a cada una de las crisis, sin perder la iniciativa.

4.    La estrategia se enfocó en una oferta de cambio positivo, y mantuvo el aura de ventaja y victoria que mostraban todas las encuestas.

5. El estratega y coordinador general aprovechó todas las perturbaciones para ganarle la mano al triunfalismo que es propio de los que piensan que ya ganaron, sin entender que la victoria la obtiene quien saca más votos y no necesariamente quien encabeza todas las encuestas.

Hubo pocas crisis internas y escasos momentos de mengua. Es normal que ocurran. En este caso resultó admirable la disciplina del candidato y la apertura a escuchar siempre. Eso no siempre resulta fácil, porque los entornos a veces no lo permiten. En cualquier caso, siempre es un aprendizaje comprender como un político administra su poder entre lo que es esencial y todo lo que luce accesorio. Lo que nunca concedió fue en términos de la estrategia. Por eso obtuvo el triunfo, que lucía tan cercano, pero que realmente fue ganado a pulso.  

 



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